Las varices son una manifestación visible de un problema circulatorio que afecta con especial frecuencia a la zona de las piernas. Se trata de venas dilatadas y retorcidas aparecen cuando las válvulas venosas dejan de funcionar correctamente y la sangre no fluye con normalidad hacia el corazón, por lo que termina acumulándose en el interior de las mismas. Este fenómeno, conocido como insuficiencia venosa, puede estar asociado a diversos factores como la edad, la herencia genética, los cambios hormonales o el sedentarismo.
Sin embargo, uno de los elementos que más peso tiene en su desarrollo y evolución es el exceso de peso corporal. Por este motivo, a lo largo de este artículo vamos a tratar de analizar al detalle cómo están relacionadas las varices y la obesidad, qué riesgos implica esta combinación y cuáles son los tratamientos más adecuados para las varices con obesidad hoy en día, especialmente pensando en pacientes que buscan soluciones seguras y efectivas sin necesidad de tener que recurrir a cirugías.
Las piernas son las más afectadas cuando existe un problema de circulación. Soportan el peso del cuerpo y dependen del correcto funcionamiento de las válvulas venosas para impulsar la sangre hacia el corazón. Cuando una persona padece obesidad, la presión que ejerce sobre las venas aumenta de forma significativa. Este exceso de carga dificulta el retorno venoso, provoca inflamación, sensación de pesadez y favorece la aparición de edemas.
La relación entre obesidad y varices resulta especialmente evidente en las piernas, ya que la grasa acumulada en la zona abdominal y en los miembros inferiores actúa como una barrera mecánica que comprime los vasos y reduce la eficacia del sistema circulatorio. Con el tiempo, esta situación puede derivar en insuficiencia venosa crónica, la aparición de varices y arañas vasculares visibles, capilares dilatados o incluso úlceras en los casos más avanzados.
Además, también debemos subrayar que la obesidad suele ir acompañada de un estilo de vida sedentario, otro de los grandes enemigos de la salud de las venas y que puede influir activamente en el desarrollo de este problema. Permanecer largos periodos de pie o sentado, sin movernos, puede empeorar la circulación y agravar los síntomas.
La relación obesidad y varices es bidireccional. Es decir, que, por un lado, el exceso de peso puede favorecer el desarrollo de varices; por otro, la presencia de varices puede limitar la actividad física, lo que a su vez puede complicar el control del peso corporal. Se crea así un círculo vicioso que, si no lo abordamos adecuadamente, puede deteriorar seriamente tanto la salud vascular como la calidad de vida de las personas que sufren este problema circulatorio.
Desde el punto de vista médico, podemos decir que las varices por obesidad se originan cuando el aumento de la presión abdominal y la sobrecarga sobre las venas impiden el correcto cierre de las válvulas venosas. Al no poder impulsar la sangre con eficacia, esta se estanca, las paredes venosas se debilitan y empiezan a aparecer las dilataciones que quedan visibles y palpables bajo la piel.
Por este motivo, es fundamental comprender que tratar las varices en un paciente con obesidad requiere un enfoque global. No basta con eliminar las venas afectadas; también es necesario corregir los factores que contribuyen a su aparición, como el sobrepeso, el sedentarismo o los hábitos alimenticios inadecuados. Si bien es imposible garantizar que no aparezcan más varices en el futuro, lo cierto es que, con una vida saludable, es más probable que su aparición sea más tardía.

No todas las varices son consecuencia directa de la obesidad, ya que también intervienen otros factores genéticos y hormonales. Sin embargo, está demostrado que el exceso de peso puede agravar de forma significativa los síntomas de la insuficiencia venosa y acelerar la aparición de las temidas varices. En los pacientes con sobrepeso, el sistema circulatorio tiene que trabajar con mayor esfuerzo.
Esta situación prolongada provoca que las venas se dilaten y pierdan elasticidad con el paso del tiempo, generando la típica imagen azulada o rojiza bajo la piel. De hecho, muchos estudios han mostrado que las varices por obesidad tienden a ser más extensas y profundas que en pacientes con un peso más o menos normal. Por tanto, aunque la obesidad no siempre sea la causa única, sí es un factor determinante que puede empeorar el cuadro clínico y complicar su tratamiento si no se controla adecuadamente.
La mejor estrategia frente a las varices y obesidad es la prevención. Como hemos anotado más arriba, adoptar hábitos saludables no sólo ayuda a mantener un peso equilibrado, sino que también permite mejorar la salud venosa en general. Realizar ejercicio de manera regular, como caminar, nadar o montar en bicicleta, favorece la circulación y estimula el retorno venoso.
Seguir una alimentación rica en frutas, verduras y alimentos con alto contenido en fibra contribuye a evitar el estreñimiento —otro factor que aumenta la presión abdominal— y que puede mejorar la elasticidad de las venas. Además, reducir la ingesta de sal ayuda a prevenir la retención de líquidos y la hinchazón en las piernas.
Elevar las piernas unos minutos al final del día, evitar la ropa demasiado ajustada y mantener una correcta hidratación son medidas sencillas que pueden marcar la diferencia. Por supuesto, todas estas recomendaciones no sirven para eliminar las varices ya existentes, pero sí ayudan a evitar que progresen y a reducir las molestias asociadas a la insuficiencia venosa.
Sí, perder peso puede mejorar notablemente la sintomatología de las varices. Cuando se reduce la presión que ejerce el exceso de grasa sobre las venas, el flujo sanguíneo mejora y los síntomas como la pesadez, la hinchazón o el dolor disminuyen. Sin embargo, hay que subrayar que no hacen que el problema desaparezca, ya que hay que tener en cuenta que, para atajar este problema, es necesario acudir a una clínica especializada en tratamientos de varices por obesidad.
En algunos casos, los capilares dilatados o las varices incipientes pueden hacerse menos visibles al bajar de peso, aunque las varices más avanzadas no mejoran sin el tratamiento médico especializado. No obstante, debemos decir que mantener un peso saludable puede hacer más sencillos los procedimientos terapéuticos y mejorar los resultados, algo que resulta especialmente importante en el tratamiento de las varices con obesidad.
Una de las dudas más habituales entre los pacientes es “¿me puedo operar las varices con obesidad?”. La respuesta depende del estado de salud general, del tipo de varices y del método de tratamiento elegido. En la actualidad, existen técnicas mínimamente invasivas que permiten tratar las varices con total seguridad incluso en personas con sobrepeso.
Entre los tratamientos más eficaces se encuentra la esclerosis con microespuma de varices, una técnica ambulatoria que no requiere cirugía ni anestesia general. Consiste en la inyección de una sustancia esclerosante en forma de espuma que actúa sobre la pared de la vena enferma, provocando su cierre progresivo y su posterior reabsorción por el organismo.
Este tratamiento de las varices con obesidad resulta especialmente beneficioso porque no implica incisiones, ni bajas laborales, ni otros riesgos quirúrgicos asociados al exceso de peso. Además, permite una recuperación inmediata y una mejora visible desde la primera sesión. Podemos concluir diciendo que cuando la obesidad se controla y las varices se tratan adecuadamente, los resultados suelen ser muy satisfactorios.