La llegada del invierno hace que cambiemos hábitos, rutinas y también la manera en la que responde el sistema circulatorio. Para las personas que padecen insuficiencia venosa crónica o tienen varices, esta época del año suele despertar incertidumbre. ¿Mejoran los síntomas con el frío? ¿Empeoran las molestias? ¿Es cierto que las varices duelen con el frío?
Las varices en invierno suelen comportarse de forma distinta que en verano. Las bajas temperaturas provocan cambios fisiológicos que pueden ser beneficiosos en algunos casos, pero también pueden conllevar ciertos riesgos si no se adoptan las medidas adecuadas. Y es que, entender cómo el frío puede afectar a la insuficiencia venosa en caso de tener varices es esencial para poder cuidarse en los meses más fríos del año.
Una de las ideas más extendidas es que el frío puede resultar beneficioso para las personas con problemas venosos. En términos generales, esta afirmación tiene una base fisiológica clara porque las bajas temperaturas provocan vasoconstricción, es decir, un estrechamiento de los vasos sanguíneos. Por tanto, el frío provoca el efecto de reducir el diámetro de las venas superficiales y puede mejorar el retorno venoso hacia el corazón.
Por este motivo, muchas personas notan una disminución de la sensación de pesadez, hinchazón o cansancio en las piernas durante el invierno. Por eso, por norma general sí es cierto que se puede afirmar que es bueno el frío para las varices cuando hablamos de alivio sintomático leve o moderado. La circulación se vuelve algo más eficiente y el estancamiento de la sangre en las extremidades inferiores es menor que en verano.
Además, el frío puede tener un ligero efecto antiinflamatorio, ya que contribuye a que las piernas se sientan menos congestionadas al final del día. En personas con varices incipientes o arañas vasculares, el invierno suele ser una etapa en la que los síntomas pasan más desapercibidos.
¿Significa eso que, en los meses de más calor, aplicar hielo para las varices puede ayudar? Ya te hablamos de esta cuestión en este post, donde podrás informarte de todo lo relacionado con esta cuestión para el cuidado y el alivio de los síntomas si sufres de varices.
Sin embargo, es importante recordar que todo esto es temporal y que el alivio causado por la bajada de las temperaturas en ningún caso debe tomarse como un remedio a un problema crónico de varices. El frío no las elimina ni corrige la insuficiencia venosa de base, por lo que seguirá siendo necesario tratamiento profesional. El frío simplemente lo que hace es reducir algunas molestias, lo que puede dar una falsa sensación de mejoría.
Aunque muchas personas experimentan alivio, no todo son ventajas. En algunos casos, las varices duelen con el frío, especialmente cuando las temperaturas son muy bajas o existe una exposición prolongada a climas gélidos.
El motivo principal es que el frío intenso puede aumentar la rigidez de los tejidos y disminuir la elasticidad muscular, lo que a su vez puede llevar a sentir una sensación de tirantez, calambres o incluso dolor en personas con varices avanzadas. Además, la vasoconstricción excesiva puede dificultar la microcirculación en pacientes con problemas circulatorios severos.
Otro factor a tener en cuenta es el cambio en el estilo de vida durante el invierno. Se tiende a reducir la actividad física, se pasan más horas sentados y se utilizan prendas más ajustadas o pesadas. Todo esto puede empeorar el retorno venoso y favorecer el estancamiento de la sangre, agravando los síntomas de las varices en invierno.
También hay que prestar atención a los cambios bruscos de temperatura. Pasar de ambientes muy cálidos de interior al frío de la calle puede generar una respuesta vascular irregular, lo que en algunas personas incrementa las molestias. Por eso, aunque se dice que el frío es bueno para las varices en ciertos aspectos, conviene coger con pinzas esta afirmación porque algunas personas pueden ver empeorados sus síntomas.

La duda entre calor o frío para las varices es muy habitual. Ambos influyen de forma distinta en el sistema venoso, y conocer sus efectos ayuda a entender por qué el invierno suele ser más llevadero que el verano para muchas personas.
El calor provoca vasodilatación. Las venas se ensanchan, la sangre circula con más dificultad hacia el corazón y aumenta la presión venosa en las piernas. Esto explica por qué en verano las varices se hacen más visibles y los síntomas empeoran. La hinchazón, el dolor y la sensación de pesadez son más frecuentes en ambientes calurosos.
El frío, en cambio, favorece la vasoconstricción. Por eso, al comparar cómo se sienten las varices cuando hace calor o cuando hace frío, se suele notar una importante diferencia cuando bajan las temperaturas.
Lo ideal es buscar estímulos térmicos moderados. Por ejemplo, las duchas de contraste, alternando agua templada y ligeramente fría, pueden estimular la circulación sin llegar a provocar molestias.
Una de las grandes ventajas de las varices en invierno es que esta estación suele ser la más recomendable para iniciar tratamientos de varices como el de la técnica de la microespuma para varices que te ofrecemos en Varicenter, y existen varias razones que lo justifican:
En primer lugar, tras los procedimientos para eliminar varices, como la esclerosis o el tratamiento con láser, es necesario evitar la exposición solar directa durante un tiempo. En invierno, esto resulta mucho más sencillo que en verano. Además, el uso de medias de compresión, habitual tras muchos tratamientos, se tolera mejor con temperaturas bajas.
Por otro lado, el frío ayuda a reducir la inflamación posterior al tratamiento y favorece una recuperación más cómoda. La menor dilatación venosa también contribuye a mejores resultados estéticos y funcionales.
Aunque es bueno el frío para las varices, no hay que esperar a que aparezcan síntomas graves para actuar. El invierno ofrece una ventana de oportunidad para tratar el problema de forma planificada y llegar al verano con las piernas en mejores condiciones.
Iniciar el tratamiento en esta época permite abordar la causa de la insuficiencia venosa y no solamente aliviar las molestias. De este modo, se evita que las varices se cronifiquen y se reduzcan las complicaciones a largo plazo.
Cuidar de las varices durante los meses fríos es fundamental para mantener una buena circulación. Para convivir mejor con las varices en invierno, es importante tener en cuenta que: